Digamos que últimamente no ando bien, aunque la realidad es mucho menos refinada y más violenta y grosera.
Estoy de vacaciones y eso me molesta, irrita y entristece mucho. No tengo muchas cosas que hacer (exactamente 3 cosas, de las cuales 2 implican analizar el entorno en el que se desarrollan esos problemas y una es programar). Así que prácticamente sólo tengo 1 cosa por hacer mientras pienso en otras dos, por ratos.
¿Y luego qué? No tengo clases, ni trabajos, ni exámenes, ni gente con la que salir, ni mucho menos ganas de salir. Estoy aburrido y eso me pone mal, triste, abatido, muerto. Y así avanzar es bien difícil.
Cada día es igual que el anterior. Despertarse por culpa del sol, el frío, la música o la bulla de afuera. Esperar un buen rato en la cama hasta que mi vejiga esté a punto de explotar o simplemente me de cuenta que seguir en la cama me deprime aún más de lo que ya estoy al despertar y saber que será otro día de mierda. Asearme con desgano, encendender la laptop, conectarme al messenger, abrir Firefox con las pestañas del día anterior, leer los últimos 20 twitts que me muestra Twitterfox, abrir el Reader, leer de golpe las 40 o 50 entradas que hay. Bajar a almorzar y rogar para que pueda disfrutar de un almuerzo, algo que no hago desde hace mucho. Subir a mi cuarto, encerrarme, programar alguna función, volver a ver Twitter, Reader, desear que pase algo bueno en mi vida como ganar un millón de dólares, aburrirme, deprimirme porque sé que nunca pasará, esperar la dulce muerte... Dormir con la radio encendida hasta despertar con ganas de no despertar nunca más.
Ese monótono estilo de vida sólo ha logrado que esté en mi cama todo el día, esperando el almuerzo, programando mientras escucho algún tema de mi oscura biblioteca musical. No tengo ganas de salir a ningún lado, ni dinero para divertirme. A veces quisiera salir y comprar un montón de libros de programación, comer un helado riquísimo, caminar por el agobiante y asfixiante centro histórico y regresar en taxi a mi casa para dejar todo e ir a comer pollo broaster.
Pero me aburro, y mucho. Y eso me hace sentir mal, inútil, sin sentido. Y me quita las ganas de hacer algo. Y así me aburro, y todo vuelve a empezar.
Ya ni tengo ganas de tomarme la vida como un chiste tan malo que da risa.
Hoy, antes de mi examen de Física II, se desapareció la billetera de una compañera de clase. En un salón en el que no habían más de quince personas se desapareció una billetera cuando ella salió a comprar hojas para su examen. Estoy realmente indignada.
Una cosa es ser amigos, joderse entre todos, tener confianza y otra es coger las cosas ajenas no sé si por asustarla, jugar con ella o por robársela. Me niego a creer que en el lugar donde paso la mayor parte del día, uno no pueda dejar sus cosas en una carpeta sin tener el miedo de que el algún hijo de puta las tome y se las lleve. Un amigo cerró la puerta y empezamos a revisar mochila por mochila, como si se tratase de delincuentes, a ver si es que mi amiga tenía suerte y su billetera aún estaba en el salón de clases. Fue en vano. Nunca la encontramos. Esa billetera desapareció, como desaparecieron hoy mis ideas tontas de que, al menos las personas de las que me rodeo, son decentes. Qué mundo de mierda...

The Dark Knight: AWESOME.
Dios...qué película.
Batman nunca ha sido de mis personajes favoritos, siempre preferí Spiderman o Iron Man; sin embargo, tengo que admitir que esta película le da mil vueltas a los todos los estrenos de superhéroes del año, es simplemente genial. Te tiene siempre en suspenso, los personajes son estupendos, la historia es genial...en fin, una película imperdible, la recomiendo.
Pero sin duda, el personaje que se roba todos mis aplausos es Guasón, juega con nuestras mentes y es realmente un fenómeno desquiciado y malvado, mi personaje favorito.
Cuando era pequeña, mi madre me compró un pollito, de esos muy chiquitos que dan ternura al cogerlos y que parece que se quebrarán al primer intento de levantarlos. A mí me encantaba, no perdía la oportunidad de contarle a quien sea que mi pollo era lindo y las cosas que le daba de comer y todo eso. Un día corriendo y gritando con unas compañeras de la primaria lo pisé. No me di cuenta hasta después cuando lo vi muerto en un rincón del patio. Lloré, me culpé, hasta pensé en no volver a tener a una mascota nunca, pero luego llegó otra ilusión cuando mi madre compró un perro.
Este perro tampoco duró mucho, toda mi familia y yo nos fuimos a pasar una semana a casa de mi abuela y nos olvidamos de él (aún no entiendo cómo pudo suceder eso), cuando regresamos estaba muerto y lo enterramos en la playa del frente de mi casa. Después de esta nueva desilusión mi padre me regaló un gallo, al que cuidaba con mucho cariño, se llama Lechuga porque esa era su comida preferida y a mis hermanos y a mí nos encantaba jugar con él. Un día cuando regresé del colegio, me di con la sorpresa de que mi papá había decidido almorzarlo, sí, se almorzó a mi mascota.
Aún en el afán de demostrarme que podía tener una mascota, mi mamá nos compró un gato, se llamaba Stuy, éste si nos duró como un año, era como uno más de la familia, dormíamos con él, jugábamos...hasta que una mañana me di cuenta que mi gato ya no estaba, no sabemos si dejamos la puerta abierta en un descuido, si saltó al techo, nunca supimos porqué nos abandonó; seguro se dió cuenta del desgraciado futuro que tenía nuestro lado. Pero mi talento no sólo es con mascotas propias, una vez dejé abierta la jaula de los canarios australianos de mi abuela, se escaparon dos y ella no sabía ni cómo mirarme...
En fin, ahora es cuando entiendo porqué mi madre dice que no les tengo aprecio a los animales...
De lunes a viernes veo a mi padre media hora al día. En la mañana lo veo sólo para darle un beso y pedirle dinero para ir a la universidad; en la noche, mientras yo estoy en la computadora, él come y ve algún programa deportivo hasta que se queda dormido.
Los sábados en la noche, después de su trabajo se va a tomar unos tragos con sus amigos y llega ebrio como a las 3am, hora en la que yo, mi madre y mis hermanos ya estamos durmiendo. Entonces toca la puerta de cualquiera y le empieza a contar de sus penas, sus alegrías y todas las cosas que no sabe decir cuando está sobrio. Si toca la puerta de mi cuarto yo me hago la dormida hasta que se canse y se vaya a dormir.
Los domingos duerme hasta tarde, obviamente por la borrachera del día anterior y solamente se levanta para comer...y así se pasan todas las semanas, siempre igual.
Así como es nuestra rutina familiar, lo quiero y trato de entender sus decisiones y llevar la fiesta en paz. Me gusta saber que todos los días entre mi padre y yo son iguales, sin complicaciones, sin peleas, con tranquilidad.
Pero hoy, él llegó a almorzar y rompió nuestra pacífica rutina. Yo estaba frente a la computadora como siempre.
-Andrea, ¿Sabes si hay huevos?
-No sé.
-¿Y carne?
-No sé, no he abierto el refrigerador.
-Deja la computadora y hazme caso.
Dejo de mirar a la computadora y me volteo para verlo a la cara.
-Te estoy haciendo caso, papá.
-Anda lava un par de platos y luego fríeme un poco de carne que tengo hambre.
-¿Por qué no se lo pides a alguno de mis hermanos?
-Ellos no saben cocinar...
Colérica me levanto y me voy a hacer lo que me ha pedido, y mientras lavo me pregunto ¿por qué tuvo que venir? y cuando cocino pienso que lo mejor es que salga de mi casa antes de que me pida que tienda mi cama, o antes de que empiece a tratar de ser mi amigo. Entonces le doy su comida, una coca-cola y me voy a cambiar para irme a la universidad. Mi tarde hubiera sido normal y tranquila si él no hubiera llegado.
No sé porqué pasa esto, yo lo quiero pero no logro dejar de sentir que es casi un extraño. Nunca hablo con él, todo se reduce a un "hola pa" y un "hasta mañana pa". Sé que puede parecer malo o que soy poco agradecida con él, pero su presencia en un momento en el que se supone que no debería estar aquí, en un momento en el que no lo espero, me molesta y me pone muy incómoda.
Con paz, justicia y tranquilidad, que no tenga que sobrevivir al más "fuerte" sino que ayude al más "débil".
Quiero una vida mejor, donde no exista la idea de que una fiesta sin alcohol no es divertida, donde para ser mejor no necesites follarte a más "hembras", pelear más, caer más bajo mientras estés borracho o jugar mejor al fútbol.
Quiero una vida mejor, donde todos y cada uno respetemos las ideas de los demás y no tratemos de imponer una religión sin sentido, como si fuera un concurso de quién tiene más adeptos.
Quiero una vida mejor, para no temer a enamorarme, o a confiar en alguien. Donde la gente sea sincera y espere sinceridad. Quiero vivir en un lugar donde las apariencias queden sobrando y sólo importe la esencia misma de la persona.
Quiero una vida mejor, donde las calumnias y los insultos no quepan. Quiero vivir en paz y sin problemas.
Quiero una vida mejor, y no preocuparme de saber quién soy, ni a qué nivel de bajeza puedo llegar.
Quiero una vida mejor, donde no tenga que discutir por tonterías. Donde mis ideas sean escuchadas y tomadas en cuenta, y donde yo tenga un lugar al igual que todos los que somos subestimados.
Quiero una vida mejor, donde al fin pueda recordar cuándo fue la última vez que fui feliz.