El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro.
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Why do let me stay here?
All by myself
Why don’t you come and play here?
I’m just sitting on the shelfWhy don’t you sit right down and stay awhile?
We like the same things and I like your style
Its not a secret; why do you keep it?
I’m just sitting on the shelfI got to get your presence
Let’s make it known
I think you’re just so pleasant
I would like you for my ownWhy don’t you sit right down and make me smile?
You make me feel like I am just a child
Why do you end it?
Just give me credit
I’m just sitting on the shelf
HPNeo: Secundo el último twitt de alexliam, pero yo cambiaría Shyamalan por Tarantino.
Octa: Cierto.
Octa: Pero si dijera “te gusta Shyamalan? es uno de mis directores favoritos junto a Tarantino y Kubrick” es motivo para arrancarle la ropa y hacerla tuya en ese mismo segundo.
Octa: Y si agregara “pero cuando vi The Happening me nació una tendencia lesbiana cuando vi a Zooey Deschanel” te mueres de un orgasmo mental.
Algo que oficialmente perdí hace unos días.
Como todos, yo nací siendo ingenuo. Y como pocos, a cada traición confiaba menos, a cada engaño me endurecía más, a cada mentira mi ingenuidad decrecía. Supongo que así es como debe pasar.
Y mientras menos creía, más dolía la siguiente mentira. Y más era la paranoia.
¿Y por qué volver a confiar, si ya quedó demostrado que las personas mienten, engañan, ocultan y sólo muestran el lado que más les conviene? En realidad no lo sé.
El problema con el engaño es que a veces sale tan bien que uno no se da cuenta hasta que llega el golpe y uno se queda en el aire. De la nada, un día estás de lo mejor y al siguiente te quedas sin novia, sin amigos, sin nadie en quien confiar…
La desesperación e impotencia de sentirse engañado es grande. Y no queda mucho que pueda hacerse, salvo respirar hondo y seguir adelante. Y hacer eso es una puta mierda.
Lo único que queda es fortalecer ese caparazón que cada uno forma a su alrededor, para que menos personas se nos acerquen, y menos personas logren hacernos daño con sus mentiras.
Sólo queda confiar menos, aunque al final una vez más nos rompan las ilusiones.
A mis dulces y olvidables 16 me metí a un curso de la universidad a la que quería entrar donde nos formarían en conocimientos acerca de matemáticas y liderazgo. Ni lo uno ni lo otro me interesaba, a decir verdad, pero esa universidad es la única que me gustaba en ese momento así que accedí.
En la primera clase de liderazgo, la segunda clase de la primera semana, tuve la mala suerte de dejar un asiento vacío a mi costado. O quizá nadie quería sentarse a mi lado, como hasta ahora. Y llegó ella.
Era una chica de estatura normal, nariz aguileña, ojos grandes, voz chillona, un extraño grano blanco en el borde del labio inferior y unas curvas, que si bien no eran de infarto, eran agradables a la vista. Sobretodo por ese trasero un poco grande y bien redondo.
Se sentó en el asiento vacío, mientras yo seguía diseñando a mi particular manera algunas funciones e interfaces (porque así soy yo) necesarias para el proyecto de turno. Ella inició la conversación preguntando qué hacía. Y le expliqué parcamente qué hacía. Ella se interesó, ya que estudiaría Sistemas, como yo.
Debo decir que me incomodaba ese inusual interés ya que nadie, ni quien en ese tiempo estaba conmigo, mostraba ese tipo de interés. No pude hacer nada.
Llegó la hora de dibujar nuestro “lugar de estudio”. Dibujé mi habitación, donde tenía un mueble para la computadora y mi cama. A ella le gustó mi dibujo. Le dije gracias. Nunca supe si todo eso fue un coqueteo, o ella sólo buscaba una amistad desesperadamente.
Llegó el 2007 y con ello el primer ciclo en la universidad. Y con ello, clases con ella. No supe mucho de ella porque, a pesar de sentarse siempre al otro extremo del salón, siempre me pareció lejana. Así ella pasó de largo hasta la segunda mitad del año.
Nos tocó estudiar Metodología Universitaria II. Juntos. Sin ningún conocido. E hicimos “clic”. Académicamente, claro. Lástima que se nos cruzaron un trío de imbéciles, y nada volvió a ser igual.
Su particular forma de ver la vida, donde los cambios se daban por obra y gracia del Espíritu Santo y no gracias a ella, me ponían mal. Supongo que es lo que se llama amistad.
Tenía un extraño punto blanco en el borde del labio que me inquietaba. Siempre la ví con esa cosa y nunca le pregunté por qué tenía eso. Al final terminé por aceptarlo, como su voz chillona, su forma tan física de demostrarme su amistad y su inocencia.
No sé si era el calor de los sábados por la mañana, o simplemente quería verse bien, pero era usual verla acompañada de una botella de agua mineral sin gas, sin helar. Nunca me gustó el agua mineral, y nunca me invitó, así que no tuve problemas con eso. Yo, en cambio, llevaba una botella de Coca-Cola helada de medio litro.
Un sábado, en el break de la clase, me invitó su agua. Tuve que aceptar, por cortesía. Quiso la Casualidad que luego de unos días me diera cuenta que tenía un extraño punto blanco en el borde del labio inferior. Quizá siempre lo tuve y nunca lo advertí.
Este año la volví a ver, luego de haber discutido con ella al punto de pelearme y no querer saber nada más de ella. Y a pesar de querer volver a entablar una amistad, la volví a ver tan lejana como el primer ciclo que compartimos. Y me resigné.
Ahora no la veo, y quizá nunca la vea, ya que se retiró de la universidad. Y cada vez que veo ese extraño punto blanco en el borde de mi labio inferior la recuerdo con amargura y melancolía, por aquellos días donde me enojaba su fanatismo y me reía de su candidez.
Si algún día llegara a extrañar a alguno de los amigos que perdí, sin duda sería a ella.
Me considero un observador de la especie humana, un clasificador antropológico, un Linneo de las personas.
En la clase de hoy sólo pude distinguir dos tipos de personas:
Seguiremos informando.
El hecho de que estén numerados y no con viñetas es porque ese es el orden de prioridades. Algo obvio, pero nunca se sabe.
Sigue estos consejos y tendrás una vida mejor.