Reflexiones sin importancia

Si quieres mirar mal a alguien búscate un espejo

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Roxana

A mis dulces y olvidables 16 me metí a un curso de la universidad a la que quería entrar donde nos formarían en conocimientos acerca de matemáticas y liderazgo. Ni lo uno ni lo otro me interesaba, a decir verdad, pero esa universidad es la única que me gustaba en ese momento así que accedí.

En la primera clase de liderazgo, la segunda clase de la primera semana, tuve la mala suerte de dejar un asiento vacío a mi costado. O quizá nadie quería sentarse a mi lado, como hasta ahora. Y llegó ella.

Era una chica de estatura normal, nariz aguileña, ojos grandes, voz chillona, un extraño grano blanco en el borde del labio inferior y unas curvas, que si bien no eran de infarto, eran agradables a la vista. Sobretodo por ese trasero un poco grande y bien redondo.

Se sentó en el asiento vacío, mientras yo seguía diseñando a mi particular manera algunas funciones e interfaces (porque así soy yo) necesarias para el proyecto de turno. Ella inició la conversación preguntando qué hacía. Y le expliqué parcamente qué hacía. Ella se interesó, ya que estudiaría Sistemas, como yo.

Debo decir que me incomodaba ese inusual interés ya que nadie, ni quien en ese tiempo estaba conmigo, mostraba ese tipo de interés. No pude hacer nada.

Llegó la hora de dibujar nuestro “lugar de estudio”. Dibujé mi habitación, donde tenía un mueble para la computadora y mi cama. A ella le gustó mi dibujo. Le dije gracias. Nunca supe si todo eso fue un coqueteo, o ella sólo buscaba una amistad desesperadamente.

Llegó el 2007 y con ello el primer ciclo en la universidad. Y con ello, clases con ella. No supe mucho de ella porque, a pesar de sentarse siempre al otro extremo del salón, siempre me pareció lejana. Así ella pasó de largo hasta la segunda mitad del año.

Nos tocó estudiar Metodología Universitaria II. Juntos. Sin ningún conocido. E hicimos “clic”. Académicamente, claro. Lástima que se nos cruzaron un trío de imbéciles, y nada volvió a ser igual.

Su particular forma de ver la vida, donde los cambios se daban por obra y gracia del Espíritu Santo y no gracias a ella, me ponían mal. Supongo que es lo que se llama amistad.

Tenía un extraño punto blanco en el borde del labio que me inquietaba. Siempre la ví con esa cosa y nunca le pregunté por qué tenía eso. Al final terminé por aceptarlo, como su voz chillona, su forma tan física de demostrarme su amistad y su inocencia.

No sé si era el calor de los sábados por la mañana, o simplemente quería verse bien, pero era usual verla acompañada de una botella de agua mineral sin gas, sin helar. Nunca me gustó el agua mineral, y nunca me invitó, así que no tuve problemas con eso. Yo, en cambio, llevaba una botella de Coca-Cola helada de medio litro.

Un sábado, en el break de la clase, me invitó su agua. Tuve que aceptar, por cortesía. Quiso la Casualidad que luego de unos días me diera cuenta que tenía un extraño punto blanco en el borde del labio inferior. Quizá siempre lo tuve y nunca lo advertí.

Este año la volví a ver, luego de haber discutido con ella al punto de pelearme y no querer saber nada más de ella. Y a pesar de querer volver a entablar una amistad, la volví a ver tan lejana como el primer ciclo que compartimos. Y me resigné.

Ahora no la veo, y quizá nunca la vea, ya que se retiró de la universidad. Y cada vez que veo ese extraño punto blanco en el borde de mi labio inferior la recuerdo con amargura y melancolía, por aquellos días donde me enojaba su fanatismo y me reía de su candidez.

Si algún día llegara a extrañar a alguno de los amigos que perdí, sin duda sería a ella.

Miedo a crecer

Tengo 18 años recién cumplidos y no me había percatado de esto hasta hace unos días, pero realmente tengo miedo a crecer. Y supongo que es normal.

Conozco a personas que ya tienen 20 años y aunque sólo sean 2 años o menos de diferencia siento que pertenecen a otro mundo, completamente distinto del mío. Y eso me hace pensar que yo también estaré ahí y que no estoy haciendo nada para poder llegar a esa edad y a ese mundo nuevo y decir “aquí estoy, completamente formado, con metas hechas y una situación estable”.

No sólo me refiero a terminar de moldear mi personalidad, ni a tener una verdadera vocación por mi carrera, si no que siento que debería meterme a las cosas serias referentes al ámbito en el que quiero trabajar. Dicho de otra forma, (y haciendo un parangón con el fútbol) debería entrar a la “segunda división” del desarrollo web y no quedarme haciendo pequeños trabajos que me dan más experiencia que dinero.

Sólo hay un ligero problema: El temor al cambio. Y ese temor, que tengo desde que nací, me está impidiendo seguir con el curso natural de las cosas. Aceptar propuestas ambiciosas, emprender proyectos arriesgados, ese tipo de cosas son las que no puedo hacer por temor al fracaso, al cambio… Siento que no estoy preparado para aceptar nueva responsabilidades. Y eso me están matando lenta y dolorosamente.

A veces sólo quisiera quedarme en mis dulces 18, pero crecer es inevitable.

Disculpas

Creo que debo una disculpas a todos los que se pasan por aquí de vez en cuando. ¿Por qué? Porque todo fue parte de un experimento que llegó a mayores. He conversado con Andrea y no se va.

Para los que quieran obviarme, saben que WordPress tiene feeds para todo.

Rompiendo burbujas

Me he dado cuenta que a menudo conozco personas que viven en una burbuja, por así decirlo. Son personas que viven en un mundo ideal donde (casi) siempre todo va bien y no hay de qué preocuparse. Eso, obviamente, ha traido que cuando me conocen su burbuja vaya agrietándose poco a poco, hasta reventar.

Y por un lado me da igual, no es mi problema. Por otro me siento contento de que se hayan “quitado la venda de los ojos” y vean que la realidad es otra. Pero, por último, a veces me siento culpable.

Me siento culpable porque supongo que esas personas quisieran seguir viviendo en su burbuja, creyendo que las cosas van de cierta forma, y luego llego y se dan cuenta que no, que el mundo es más feo, oscuro y jodido.

Supongo que lo mejor sería evitarlos a toda costa.

¿Cuál es tu problema?

Yo soy un maldito bastardo, aunque haya gente que no lo quiera creer. Soy malo, no de esos que les pegan a sus abuelas o matan negros, no. Pero sí, trato mal a las personas, a veces sin razón, sólo por gusto. ¿Por qué? Bueno, hay varias causas…

Tengo miedo de confiar en la gente y que esta me defraude, y qué mejor que no confiar en ellos y no permitir que se acerquen a mí si empiezo a atacarlos y humillarlos sistemáticamente, y creando un escudo alrededor. Estoy en un error, y lo sé, pero así soy yo, es mi trauma, mi problema.

Y hay gente que sabe que hablo en serio. Y se enoja, se entristece, y hace que pida disculpas si esa persona en realidad me interesa.

Sin embargo hay gente que no, que o cree que hablo en broma, o que no quiere creer que yo pueda ser así en verdad, o que, y lo cual es mucho peor, me soportan porque “me quieren”. ¿Y por qué demonios no me toman en serio?

¿Acaso soy como un pequeño chinche que se queja y salta y hace pataletas por todo? Porque no es así, simplemente no soy así.

Hoy tuve una conversación con una chica a la que todas las veces que conversamos la trato mal, la hago quedar como una imbécil, la menosprecio, humillo, etc. ¿Por qué? Porque me tiene harto. Y ella lo sabe. Pero sigue ahí, lo toma en broma, no cree que yo sea así, me pregunta qué me pasó para que me convirtiera en un amargado, no lo entiende, ignora mi explicación porque es más fácil ignorar a entender la realidad. ¿Qué carajos pasa con ella?

En serio, ¿cuál es su problema? Quisiera creer que ella no cree que yo soy así, que piensa que es una forma muy extraña de bromear. Quizá en parte sea mi culpa, por no decirle “esto va en serio”.

Me da mucha pena, por ella y por mí.

Tuga

Tuga 1

Te cagas de miedo.

Día de mierda

Me despierto con dolor. El pollo broaster de la muerte hizo efecto en mi estómago de acero. Duele.

Me aseo, cambio y salgo hacia la universidad, aún con dolor. Tomo un taxi. Y aquí empiezo el infierno.

Llega a Nicolás de Piérola y no puede meterse en el carril. Se apaga el motor. Lo enciende. 1 minuto es mucho tiempo, y ahí estamos, tratando de meternos en el carril. Lo logra. La luz del semáforo se pone en rojo. Mierda.

Se pone en verde. Avanzamos medio metro. Una moto no puede avanzar, y nosotros tampoco. La moto cruza hacia Teodoro Valcárcel, lentamente, en toda la mitad de la pista. Avanzamos como en procesión. Al fin la moto desaparece, y avanzamos por Teodoro Valcárcel.

Antes de llegar al cruce con otra avenida (y hasta aquí llegan mis conocimientos sobre las calles de esa zona) dos camiones avanzan con lentitud frente a nosotros. Espero. Logramos avanzar y pasar esa avenida, pasamos por la fábrica de galletas. Huele rico y mi estómago me mata.

Más camiones avanzan lentamente. Llegamos a la avenida América. Hora punta, dicen. El anciano taxista pasa de la calle donde debería haber volteado y sigue el curso de los micros y carros que avanzan hacia el mercado La Hermelinda. No avanzamos. Mierda.

Luego de lo que me pareció un tiempo eterno llegamos al cuartel del Ejército, y luego volteamos hacia la avenida El Ejército. Voltea a la izquierda y me deja en la puerta.

13 minutos tarde y por poco no entro a clases.

Me muero de dolor y sueño. Espero con ansias salir de ahí para irme a dormir. Termina la clase sin mayor novedad. Salgo, una chica me aborda para que le enseñe C++, le digo que me pase sus ejercicios y se los envío resueltos en la noche. Acepta.

Me voy hacia la biblioteca, resignado. Traje la laptop y al menos estaré 1 hora hasta que mi cuerpo no aguante más y decida ir a descansar a mi casa.

Me encuentro con un compañero de clases y me hace acordar que hoy hay examen de POO. Mierda.

Le agradezco, repaso unas definiciones y ahora escribo este post de mierda luego de mucho tiempo sin escribir. Y reconozco que perdí mi toque.

Uno de los tantos talentos de HPNeo

A mí no me cuesta mucho reconocer el talento de otros cuando lo veo, y ahora, cuando soy víctima de él. Los que leen este blog sabrán de la rara personalidad de Gustavo, más conocido en el mundo del hampa como HPNeo, y hoy les voy a hablar sobre uno de sus talentos no sexuales (él dice que también tiene talentos sexuales pero como no he sido testigo, no puedo confirmarlo), él tiene talento para joder con estilo. Sí, algunos tienen talento para cantar, otros para bailar, para hacer reir, pero él no, el sabe joder.

Para comprobar esto les voy a mostrar dos perlas que me envió el otro día mientras conversabamos en la noche por MSN y que conste que son capturas de pantalla que él mismo hizo para alegrarme la madrugada.

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Como ya saben yo soy una persona que se enoja muy rápido, entonces después de ese envío no quería hablarle y fue entonces cuando me envió esta otra captura:

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Y bueno, después de ver tanto talento junto en una sola persona, ya no me pude enojar con él. Ahora pasemos a los comentarios a ver que perlas más nos deja para la posteridad.

¿Aburrido?

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