Reflexiones sin importancia

Nadie es normal, todos somos raros.

Depresión

Hace algunos días la relación que tuvimos Christina y yo terminó. Mi reacción, para los que me conocen, es previsible. Las esperanzas (que me forjé yo solito en mi imaginación tan creativa, y que quizá no existiesen) de una reconciliación se apagan ante mí debido a mi estado de ánimo desastrozo. Si lo escribo aquí es porque me nace, porque es mi blog y es el único lugar donde me desahogo haciendo lo que más me gusta hacer después de programar: escribir. No espero algún comentario alentador o esperanzador ya que ninguna de las palabras existentes podría ayudarme a salir del hoyo.

Han pasado varias cosas desde el 17. Y esas varias cosas me han hecho reflexionar acerca de todo el mundo que me rodea: Mi familia (que pensé que no tenía), mis amigos (que creo que no son los más idóneos para mí, pero al fin y al cabo soportaron mis arrebatos de niño ególatra), y quien hasta hace poco fue mi Princesa.

Mis padres se dieron cuenta que estaba mal, me ayudaron y aconsejaron cuando lo necesitaba. Mis amigos, aquellos a los que alguna vez humillé con mis frases ingeniosas y carentes de compasión, no están conmigo; cometí la estupidez de ser duro y sincero a la vez en el momento menos indicado y en la forma menos oportuna; pero aun hay personas que me consideran su “amigo”, quienes no han perdido la fe en mí.

Quizá las cosas se hubiesen dado de forma distinta si no hubiese cometido tantos errores, si no me hubiese dejado llevar por la ilusión de creer ser el mejor amigo o el mejor enamorado, para que al final me convierta en un ser amargado, solo, sin remordimientos, y con un alma partida por la mitad.

Ahora me siento abatido, desganado, aburrido, deprimido, sin emociones, sin motivaciones… Estoy deprimido.

Como extraño la lluvia

No seas tímido. Comenta.

¿Aburrido?

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