El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro.
De lunes a viernes veo a mi padre media hora al día. En la mañana lo veo sólo para darle un beso y pedirle dinero para ir a la universidad; en la noche, mientras yo estoy en la computadora, él come y ve algún programa deportivo hasta que se queda dormido.
Los sábados en la noche, después de su trabajo se va a tomar unos tragos con sus amigos y llega ebrio como a las 3am, hora en la que yo, mi madre y mis hermanos ya estamos durmiendo. Entonces toca la puerta de cualquiera y le empieza a contar de sus penas, sus alegrías y todas las cosas que no sabe decir cuando está sobrio. Si toca la puerta de mi cuarto yo me hago la dormida hasta que se canse y se vaya a dormir.
Los domingos duerme hasta tarde, obviamente por la borrachera del día anterior y solamente se levanta para comer...y así se pasan todas las semanas, siempre igual.
Así como es nuestra rutina familiar, lo quiero y trato de entender sus decisiones y llevar la fiesta en paz. Me gusta saber que todos los días entre mi padre y yo son iguales, sin complicaciones, sin peleas, con tranquilidad.
Pero hoy, él llegó a almorzar y rompió nuestra pacífica rutina. Yo estaba frente a la computadora como siempre.
-Andrea, ¿Sabes si hay huevos?
-No sé.
-¿Y carne?
-No sé, no he abierto el refrigerador.
-Deja la computadora y hazme caso.
Dejo de mirar a la computadora y me volteo para verlo a la cara.
-Te estoy haciendo caso, papá.
-Anda lava un par de platos y luego fríeme un poco de carne que tengo hambre.
-¿Por qué no se lo pides a alguno de mis hermanos?
-Ellos no saben cocinar...
Colérica me levanto y me voy a hacer lo que me ha pedido, y mientras lavo me pregunto ¿por qué tuvo que venir? y cuando cocino pienso que lo mejor es que salga de mi casa antes de que me pida que tienda mi cama, o antes de que empiece a tratar de ser mi amigo. Entonces le doy su comida, una coca-cola y me voy a cambiar para irme a la universidad. Mi tarde hubiera sido normal y tranquila si él no hubiera llegado.
No sé porqué pasa esto, yo lo quiero pero no logro dejar de sentir que es casi un extraño. Nunca hablo con él, todo se reduce a un "hola pa" y un "hasta mañana pa". Sé que puede parecer malo o que soy poco agradecida con él, pero su presencia en un momento en el que se supone que no debería estar aquí, en un momento en el que no lo espero, me molesta y me pone muy incómoda.