Por HPNeo, el 11 de Agosto del 2009. 17 comentarios.
Si hace un tiempo me quejaba de por qué no tenía enamorada, ahora vengo a contar cómo pude haber tenido una y como mandé todo al carajo.
Hace un tiempo fui a Lima para, entre otras cosas, conocer a una chica a la cual conocí en Internet (puede parecer una tontería, pero así sucede cuando pasa). Recuerdo cómo me interesó sus gustos musicales y cinéfilos, y sentí que había encontrado a alguien especial. Y no me equivoqué.
Debo reconocer que la primera vez que salimos fue un desastre. Tuve una falsa impresión de ella, quizá provocado por lo apurado de la invitación, o los nervios, no lo sé. Incluso quise desistir de volver a salir con ella, pensando tontamente que ella era como había creído que era. Pero me arriesgué. Y mi percepción acerca de ella (y mi vida, en realidad) cambió.
Ella es la persona más genial y bella que yo haya podido conocer jamás. Es graciosa y siempre tiene algo que decir. Sabe cómo comportarse y no le importa decir lo que tenga que decir en el momento que tenga que hacerlo. Pero ella es mucho más que buen comportamiento o encanto: Cuando la veo siento ganas de abrazarla y no soltarla nunca, de decirle cuánto me gusta y cuánto la quiero (porque sí, aunque parezca raro, la quiero) y, sobretodo hacerle saber que yo siempre estaré ahí, para ella.
Sin embargo, mi estupidez es más grande que yo mismo y ahora ella está molesta conmigo, y yo más triste (y solo) que un maldito emo. Y lo peor es que no creo que haya una segunda oportunidad a esta segunda oportunidad.
Por HPNeo, el 8 de Julio del 2009. Sin comentarios.
El micro me dejó en el mismo grifo de la avenida América en donde me deja desde hace 2 años, y yo bajo con el mismo saltito con el que bajo desde hace 2 años. Y a pesar de hacer eso desde hace 2 años, no termino de acostumbrarme del todo.
El ciclo empezó hace 2 semanas y aún no me canso ni quiero morirme. Supongo que eso es bueno. Eso o ya me resigné a mi triste suerte. O quizá sea porque las cosas han cambiado y ya no me siento tan raro como en las otras 4 ocasiones en las que he tenido que pasar por El Primer Día de Clases.
Sigo sin confiar en la gente, pero con ellos es diferente: Ella no tiene temor de acercarse a mí y él no me trata como un imbécil. Y yo no tengo que botarlos ni tratarlos como imbéciles, lo cual en cierta forma es muy bueno.
- ¡Hola! Por fin llegas.
- Hola, Caro. ¿Qué tal?
- Aquí, pues, esperándote hace ratazo.
- No he hecho la tarea, lo siento.
- ¡No era eso! Y si la has hecho, te conozco.
- No puedes conocerme… apenas hemos hablado 2 semanas.
- ¡Ok! ¡Ok! ¡Qué espeso eres! – dice eso y sonríe, como siempre. A veces me molesta que la gente sonría tanto.
- Bueno, ¿qué es eso tan importante que merezca que hayas tenido que despertarte hace 5 horas para maquillarte en 2, ponerte ropa en 1, desayunar en 30 minutos, ver basura por 1 hora y venir hace 10 minutos?
- Jajaja, ¡qué gracioso eres! Bueno, te cuento…
Hoy es el cumpleaños de Ignacio, mi otro recién estrenado amigo, y ella planea salir a almorzar los 3 a uno de los 3 restaurantes que están cerca de la universidad. Por mí no hay problema, creo.
- Hola chicos, ¿qué tal? Les presento a Lily – Ignacio llegaba con una pelirroja bajita y con pecas en la nariz.
- Hola Lily – respondimos al unísono Carolina y yo, tratando de parecer la tipica pareja de amigos que saluda con alegría a la nueva integrante del grupo en las películas de instituto norteamericano.
- Hola – respondió ella, sonriendo, como todo el mundo.
- Oh, por cierto. Feliz cumpleaños, Ig. – Un amago de abrazo es mi forma de decir “Qué la pases bien, ¿eh? Ojalá no mueras este año”.
- ¡Feliz cumpleaños amigo mío! – Caro, en cambio, lo abrazó como si hubiesen pasado la voz de que hoy, en 10 segundos, se acabaría el mundo tal y como lo conocemos.
- Ejem… Caro, ya déjalo. Nadie va a morir. – Le dije con voz recriminatoria. En realidad esta escena me divertía. Era como ver Dawson’s Creek versión peruana. Todo era tan típico, tan cliché que usualmente me hubiese enfermado. Hoy, sin embargo, me parece gracioso. ¿Será que me estoy burlando? O peor aún, ¿me volví parte de eso que aborrecía?
No, eso no podría ser posible. No somos iguales al resto. No hablamos de tonterías ni nos metemos en las relaciones de los otros. Mucho menos hablamos mal de las personas que no nos caen. Al menos no abiertamente.
- ¿Alfonso? ¿Pasa algo? – Carolina me miró entre preocupada y sonriente. Como siempre, sonriendo.
- ¿Qué? No, no. Oye, tengo clases, hablamos al rato.
- ¡Ok! No te olvides, a las 12 en la puerta para ir a celebrar, ¿ok?
- Ok, chao. Nos vemos, Ignacio.
Ellos saben que soy así. Reflexivo, callado, ensimismado. Al principio creyeron que era un idiota creído. ¿Y quién no? En fin… nada que un poco de conversación iniciada por el típico “disculpa amigo, ¿tienes un lapicero que me prestes?” no puedan solucionar.
Llego a las justas a clases antes de que el profesor cierre la puerta y empiece a explicar esa aburrida tontería de las antiderivadas.
Blablabla y termina clase.
Son las 12 y salgo caminando despacio hacia la puerta de la salida. Sé que llegarán en 5 minutos así que no tengo ninguna razón para salir apurado como muchos de mis compañeros de salón. Llego y espero 3 minutos.
Caro, Ignacio y su amiga Lily están aquí. ¿Lily aquí? Debí imaginármelo: Ellos dos son ¿enamorados? ¿amigos cariñosos?… Son pareja. Y yo que creí que se moría por Carolina.
- Bueno chicos, ¿a dónde vamos? Tenemos el Rico’s, con su especial de cucarachas al vapor, el Lucho’s, con sus siempre atentas meseras, o el hueco que está a la vuelta y del cual desconozco su nombre, donde cocinan muy bien para pasar por los pelos el examen de sanidad. Yo no me decido entre ser bien atendido o comer rico, así que elijan ustedes.
- Yo creo que el Lucho’s está bien, ¿no Ignacio?
- No sé, Caro. Yo voto por la tercera opción. ¿Tú que opinas, Lily?
- La tercera opción. – Otra vez esa endemoniada sonrisa… Es raro pero me da tanta paz… Debo dejar de pensar en eso.
- Bien. 2 contra 1. Lo siento, Caro. A mí también me gusta que me engrían, pero para la próxima será.
La nueva parejita fue adelante mientras Carolina y yo conversábamos sobre las clases y esas tonterías que conversan los universitarios.
El local en cuestión no tenía letrero en la puerta, así que nunca supe cuál era su nombre. Luego me enteré que se llamaba “Doña Carmela”. Bonito nombre, supongo.
Nos atendió un chico al que me pareció haber visto en la universidad. Yo pedí una ocopa y un lomito saltado; Lily, una papa a la huancaína y un pollo frito con puré de papas, Ignacio igual; y Caro, un ají de gallina y un bistec a lo pobre.
- ¿Sabían que en el Lucho’s despidieron a una chica porque tenía el busto muy grande?
- ¿En serio? – preguntaron Caro e Ignacio.
- En serio. Al parecer al dueño le pareció que 40B era demasiado para un restaurante.
Todos se rieron, incluso Lily, que parecía un poco cohibida por los amigos de su amorcito.
- Si yo fuera el dueño también la hubiera botado. – dijo ella, cuando todos terminaron de reirse.
- ¿Ah sí? ¿Por? – preguntó Ignacio.
- Bueno, no me gustaría que la gente que trabaja en mi local llame mucho la atención, ¿no?
- Creo que tienes razón – Intervine.
- A mí me parece algo injusto, la verdad – Dijo Caro, en un ataque de brillantez feminista.
- Bueno, querida Flora Tristán, esa chica se lo tomó muy bien, a decir verdad.
- ¿Y cómo sabes eso?
- Bueno, somos amigos.
- ¿Y ella sabe que eres un pervertido?
Todos se rieron, incluso yo. A veces creo que la amistad consiste en reirse cuando a uno lo llamen “pervertido”.
Por HPNeo, el 7 de Julio del 2009. 7 comentarios.
Tengo un problema. En realidad, tengo tantos problemas y defectos que pronto este blog volverá a tener casi 1000 posts. Uno de esos tantos problemas es que tengo el Síndrome del Príncipe Azul: Me interesan las chicas que tienen problemas, de cualquier tipo, no importa la gravedad del asunto. Ahí donde alguien me cuenta sus problemas, ahí estoy yo feliz de poder tratar de ayudar.
Es algo que me preocupa un poco porque, eventualmente, los problemas de los demás terminan afectando tanto a esa persona como a mí (aunque indirectamente, y más por causa de la otra persona). Y en esos casos, en donde me afecta a mí, termino mal gracias a mi entrometimiento. Así que por eso es un problema.
Realmente me gustaría dejar de sufrir de esta enfermedad, y ser un poquito más normal.
Por HPNeo, el 5 de Julio del 2009. 26 comentarios.
El último comentario que recibí en este apestoso blog (sí, recibe comentarios) fue este. Entre otras cosas, dice:
es exstraño q no tengas enamorada tu eres interesandte
Puedo decir, sin exagerar, que el 99% de las amigas que he tenido (sólo amigas, que conste) me han dicho lo mismo. “No entiendo por qué no tienes enamorada, si eres…”, terminando la frase en “interesante”, “buena gente”, “romántico”, etc., hasta decir que soy “el enamorado perfecto”. Supongo que debe cierto, pero al ser amigas sólo tratan de hacerme sentir mejor, aunque más de una haya dicho que lo decía de todo corazón.
En fin, basándome en eso yo tampoco entiendo por qué no tengo enamorada. Pero, como si no escribo más este post apestaría más de lo habitual, voy a poner aquí una serie de posibles razones por las cuales estoy más solo que un cactus en el desierto (algo que jode pero que agradezco mucho). Así que, puede que no tenga enamorada porque…:
Creo que son razones suficientes (y no se me ocurren más, a decir verdad). A ver quién es el valiente que viene a destriparme los argumentos uno por uno.
Actualizado: Una razón más. Soy un idiota. Se me acercan (no literalmente, claro) y ¿qué hago? Respondo mal. Ahí va. Más solo que un hongo.
Por HPNeo, el 4 de Julio del 2009. Sin comentarios.
Hay 4 cosas que me ponen mal cuando veo una película: drogas, prostitutas, historias de amor y guerras. True Romance tiene 2 de 4: Drogas y putas. Pero es Tarantino así que el impacto que me deja es ligero y casi al final de la película no se siente.
True Romance es la historia de un tipo, Clarence, ni tan perdedor ni tan suertudo, pero genial. Trabaja en una tienda de cómics, le gustan las películas de kung fu y Elvis Presley. Clarence conoce a una tipa (Alabama) el día de su cumpleaños, y la tipa resulta ser una “call girl” contratada por el jefe del tipo para hacerle compañía durante un día de su aburrida vida. Se enamoran y se casan. Demasiado romántico.
Pero, eso no es todo: Clarence va en busca del proxeneta de Alabama para “arreglar cuentas” y termina con un maletín lleno de droga. Y aquí empieza lo mejor de la película.
Hace tiempo quería ver esta película, la primera de Tarantino como guionista y con la que consiguió el dinero para Reservoir Dogs. Era una deuda pendiente y la saldé. Y qué a gusto me he quedado.
Por HPNeo, el 20 de Junio del 2009. Sin comentarios.
Hace ya varios meses que vengo usando una parte de mi hosting como file box, es decir, una carpeta donde alojar unos cuantos archivos, tan simple como eso.
Como quería evitar tener que abrir una pestaña en el navegador para subir los archivos mediante una página, o abrir FileZilla, decidí crear una pequeña aplicación de escritorio que me permita subir los archivos con unos cuantos clicks.
Primero se crea un proyecto en Visual Studio y en el formulario principal se agrega un botón, además de un control OpenFileDialog (en este caso llamado opfFile). Además se referencia el namespace System.Net para el objeto WebClient que se utilizará para subir el archivo.
Luego, en el evento Click del botón que se agregó al inicio, se agrega esta porción de código.
WebClient wc = new WebClient();
opfFile.ShowDialog();
string filename = opfFile.FileName;
if(filename != ""){
byte[] responseArray = wc.UploadFile("URL_DEL_UPLOADER", "POST", filename);
string status = Encoding.ASCII.GetString(responseArray);
switch(status){
case "Error moving uploaded file.":
MessageBox.Show("Error moving uploaded file", "Info", MessageBoxButtons.OK, MessageBoxIcon.Error);
break;
case "Invalid file.":
MessageBox.Show("Invalid file", "Info", MessageBoxButtons.OK, MessageBoxIcon.Error);
break;
case "File too large.":
MessageBox.Show("File too large", "Info", MessageBoxButtons.OK, MessageBoxIcon.Error);
break;
default:
Clipboard.SetText(status);
MessageBox.Show("File uploaded successfully", "Info", MessageBoxButtons.OK, MessageBoxIcon.Information);
break;
}
}
Voy a explicar paso por paso lo que hace esta porción de código:
Se crea un objeto WebClient (llamado wc), que permitirá subir los archivos al servidor, a continuación se abre la ventana para elegir el archivo mediante el método ShowDialog del objeto opfFile, para luego guardar la ruta física del archivo elegido en una variable string llamada filename.
Luego, se verifica que la variable filename no esté vacía (en caso de no haber elegido ningún archivo, por ejemplo), y en ese caso se procede a subir el archivo mediante el método UploadFile del objeto wc, guardando la respuesta del servidor en un array de byte llamado responseArray. El método UploadFile contiene 3 parámetros:
Para tener un mayor control de lo que sucede al subir el archivo, he creado un script en PHP que maneja el archivo subido (el cual explico líneas más abajo) y devuelve una serie de expresiones de acuerdo a la situación de la subida. Para que la aplicación sepa en qué estado ha terminado el script se obtiene la cadena que el servidor devolvió mediante la instrucción Encoding.ASCII.GetString(responseArray), el cual se guarda en una variable string llamada status.
Por último se verifica la cadena regresada mediante un switch y varios casos, algo que no necesita mayor explicación. El caso por defecto es la ruta del archivo en el servidor, el cual se copia al portapapeles (esto último me permite tener la URL a la mano ni bien termine de subirse el archivo).
Como escribí párrafos arriba, un script en PHP es el encargado de manejar el archivo que se subió mediante el cliente de escritorio. De esta manera se pueden evitar que se suban archivos muy pesados o que puedan ser usados maliciosamente.
<?php
$file['name'] = $_FILES['file']['name'];
$file['size'] = $_FILES['file']['size'];
$file['tmp] = $_FILES['file']['tmp_name'];
$file['error'] = $_FILES['file']['error'];
$extension = explode('.', $file['name']);
$file['extension'] = $extension[count($extension)-1];
if($file['extension']!='exe')
if($file['size'] < 600000)
if(move_uploaded_file($file['tmp'], 'files/'.time().'.'.$file['extension']))
echo 'http://box.hpneo.com/files/'.time().'.'.$file['extension'];
else
echo 'Error moving uploaded file.';
else
echo 'File too large.';
else
echo 'Invalid file.';
?>
En este caso se procede a guardar en un array los datos del archivo subido, luego empieza el filtrado mediante condicionales if:
if($file['extension']!='exe') : Si la extensión del archivo no es .exe, es decir, es un programa. En este if se pueden agregar varias condiciones de acuerdo a los tipos de archivo que se quieren evitar guardar. if($file['size'] < 600000) : Si el archivo pesa menos de 600 Kb. Se puede aumentar o disminuir el límite de tamaño en bytes. if(move_uploaded_file($file['tmp'], 'files/'.time().'.'.$file['extension'])) : En caso de fallar al mover el archivo desde su ubicación temporal a la ubicación final. Cada condicional tiene su caso contrario, en el cual se muestra el mensaje de error (o la URL del archivo subido, en caso que el proceso haya sido completo con éxito) que será tomado por el cliente de escritorio, como se vió anteriormente.
Como dato adicional, se renombra el archivo subido con un id único que es el timestamp (al cambiar por cada milisegundo es diferente al archivo subido inmediatamente anterior) mediante la función time().
Definitivamente este mini proyecto es algo sencillo pero que cumple su función, y espero que les sirva de igual forma que a mí me sirvió.
Por HPNeo, el 14 de Junio del 2009. 5 comentarios.

Hoy he visto Nick and Norah’s Infinite Playlist después de mucho tiempo. El por qué de la demora en ver esta película se debe a una sola cosa: Miedo al dolor. Y es que este tipo de películas (entre las cuales está Superbad y 500 Days of Summer) me hacen sentir mal porque: a) No tengo amigos (Superbad) y b) No tengo enamorada (Nick and Norah… y 500 Days…).
En fin, hoy la vi luego de ver Valkyrie (la cual me parece buena, por cierto) y por un lado mis miedos se hicieron realidad y por otro me sentí a gusto. Es una historia romántica que me hace recordar que estoy solo y que me muestra una bonita y perfecta relación entre dos personas, pero eso ya lo dije.
El asunto es que si quieren pasar un rato agradable con alguien agradable, bajen esa película (o cómprenla si no saben qué es un torrent) y véanla.
Por HPNeo, el 21 de Mayo del 2009. 1 comentario.
Desde que recuerdo (lo cual no es mucho) me han gustado las cartas. Escribirlas y recibirlas. Aunque ni lo uno ni lo otro han sucedido muy a menudo. Para mí, las palabras fluyen mejor escribiendo que diciéndolas. Y aunque es raro en estos tiempos mandarse cartas, o e-mails, o notitas, aún no pierdo las esperanzas de tener la oportunidad de hacerlo. Y, quien sabe, recibir algun texto escrito a mano.
Existe cierta sensación de romanticismo, encanto, cuando escribes una carta. Es como volver 50 años atrás y poder hacer algo tan simple pero tan especial. Al menos así lo siento. Poder tomarse el tiempo de buscar la palabra adecuada para ese sentimiento que uno no puede explicar en el momento mismo, o definir con toda la paciencia del mundo todas esas cosas que a uno le quitan el habla. Es como magia.
En estos momentos me encantaría escribir unas cuantas cartas y enviarlas a quienes correspondan, pero no creo que cambie mucho el hecho de expresar todo lo que siento en estos momentos a esas personas. Y, al menos yo, creo que una carta debe cambiar la vida de alguien. O quizá no tenga el valor para hacerlo.