Reflexiones sin importancia

Me siento en la última fila, pero soy el primero de la clase.

Perdonen la tristeza

A los 15, parece que fue ayer, el Rey Gaspar se lo hizo bien conmigo y me trajo por fin un piano, aquel adolescente ensimismado que era yo con granos y complejos después de aliñarme con física y química mataba las horas rimando versos llenos de odio contra el mundo y los espejos. El mundo lejos de sentirse aludido seguía girando que es lo suyo desdeñoso sin hacer halago a mi existencia y los espejos; déspotas; en vez de consolarme con mentiras más o menos piadosas me sostenían cruelmente la mirada, desde mi habitación se lucía la Cruz del Sur, algunas noches mientras mis padres dormían me daban las 10 y las 11 y las 12 y la 1, practicando con sordina en mi flamante piano los solemnes acordes de moonlight o iniciándome en el cursivo y noble arte de la masturbación o suspirando por mi amiga; una chica de ojos verdes; que suspiraba por un idiota moreno que tenía una bici de carrera y jugaba al baloncesto, sólo se me ocurrían tres maneras de llamar su atención, triunfar en el toreo, dirigirle una serenata o suicidarme, lo malo era que estas tres exigían una sobredosis de valor que yo, ¡ay de mi no poseía!, yo poseía mi cuaderno a rayas cada vez mas llenos de ripios contra el mundo mi piano cada vez más enamorado y un plano del paraíso que resultó no ser tan falso.

Y cuando las cartas vienen malas y los dioses se ponen intratables y las miradas no son dulces y todas las calles se llaman melancolía; todavía fantaseo con debutar en cálidos teatros o con destrozar mi inventario de la mala suerte o con ser discente de Chopin tocando en technicolor noche a noche para vengarme de tantas tarde de lluvia de blanco y negro, de tantas chicas de ojos verdes que se van con idiotas morenos que juegan al baloncesto de tantas bocas adorables que nunca serán mías pero no me quejo tengo amigos y memorias y risas y ganas y lugares y un puñado de canciones que me vienen trayendo emocionado como un padre primerizo que babea. Y supe al fin a que saben los aplausos y los besos y el alcohol y la resaca y el humo y las cenizas y de todo lo que queda y viene después de los aplausos y los besos y el alcohol y la resaca y el humo y las cenizas y de cuando en cuando en noches de Chaska una amiga de ojos verdes me tira un beso desde el público aprovechando un despiste de su novio ese idiota moreno que juega al baloncesto.

No seas tímido. Comenta.

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