Por HPNeo, el 6 de Septiembre del 2009.
Existe una curva de preocupación presente en cada ciclo que estudio en la universidad. Las dos primeras semanas me importa muy poco lo que pase ahí, y las cosas van relativamente bien. La tercera semana es cuando empieza el desastre: Exámenes. Es una semana (o dos) de largas colas para entrar (porque si no pagas no entras y si no entras no das examen), repasar algunas cosas olvidadas que servirán en la prueba y, en algunas ocasiones, una pequeña elevación en el nivel de estrés. Pero ese primer examen no importa mucho. Total, es sólo el 0.1 de la nota final.
Luego vienen las aburridas clases, y durante una semana o dos uno se puede relajar, pero luego (y esto se repite en los siguientes 3 meses restantes) empieza el estrés por la nueva tanda de exámenes de unidad. Y así, un vaivén de emociones juega con mi psique hasta fin de ciclo.
Ya pasé la primera ola, y me esperan 4 más. La última es la peor. Voy a morir.
Aunque eso último no me preocupa.
Ante la baja posibilidad de que sobornes a tus profesores bailando la canción de la sombrilla en un traje tropical mientras parpadeas cada 5 segundos con la esperanza de que la brisa de la risa les provoque alguna risa, creo que la opción más efectiva para evitar la preocupación es: estudiar.
¡Y una mierda!
Dudo mucho que la materia fecal sea del agrado de tus profesores, sin embargo, al ser tú quien mejor los conoce, no estaría descartada la posibilidad de obsequiarles un poco de felicidad en formato de heces. Después de todo, la felicidad está en los detalles.
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Un poco de felicidad en formato de…??? #WTF
Estás mal, mal, pero recontra… mal
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